27/3/2007 - El comienzo
Al poco tiempo de llegar a este centro, entré a una comunidad terapéutica para domar algunas adicciones exageradas. Estuve un año. Al salir de ahí, una cárcel dentro de la cárcel, conocí a Lourdes Gil, socióloga del centro. Me dijo que sería positivo acercar la cárcel a la sociedad y ésta a la cárcel, aprovechando mi experiencia en la música. Vinieron a tocar a Soto Miguel Ríos, Coque Malla y Ariel Roth. Llegaban al mediodía, comían con un grupo de presos, pasaban unas horas conversando y firmando autógrafos antes de los conciertos. La producción del evento estaba a cargo de los mismos presos, cargar el equipo, escenografía, sonido, diseñador gráfico para los programas, etc. Comenzamos con la Big Band Soto hace más de dos años, con un cajón y dos guitarras acústicas. Poco a poco, gracias a la dirección del centro y a algunos amigos del exterior, Arturo Bengoa de Norte Iluminación, Victor Masián técnico de sonido de Serrat y otros, hoy estamos equipados: Teclado, guitarras, bajo, batería, percusión, micros, luces, monitores. Estamos en un salón de 20 m x 6 m. Lo hemos dividido al medio y de un lado hemos montado la sala de ensayo.
En una carta que me llegó el otro día de otra prisión me preguntaban de dónde habíamos sacado las camisetas del grupo. Las tenemos gracias a Emilio Rafa, Argentino, fiel compañero de truco y mate los fines de semana en Soto.
Otras formas...
Adaptación: ¿Se puede vivir en cautiverio? En un momento tienes que olvidarte del exterior, hacer tu mundo con lo que tienes aquí dentro. Cuando me trajeron aquí, la primera noche en la celda al cerrar la puerta de metal pensé que era el fin, que todo se había acabado para mi. Luego todo se fue transformando. Superé mi etapa más oscura ingresando en prisión, encontré los elementos necesarios. Por encima de todo hay que tener capacidad de adaptación, de hacer las cosas de otro modo cuando ya no es posible la forma original.
Salud al Comandante Calamaro, gracias por el mensaje en la web, por tu amistad y por el rock & roll!
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